domingo, 24 de febrero de 2013

Capítulo 39: Adiós.


La alarma de mi móvil pita. Yo abro los ojos y pego un bote de la cama. Desactivo la alarma y empiezo a sacudir del hombro a Liam.
-¡Liam, levanta!- susurro al lado de su oído.- ¡Cielo, tenemos que irnos!
-Cinco minutos más…- murmura él, con los ojos aún cerrados.
-Venga…- comienzo a besarle el cuello, porque sé que le vuelve loco. Noto cómo empieza a revolverse y a despertarse. En un movimiento casi inexistente, me rodea la cintura con sus brazos y hace que me quede sobre él.
-Eres malo.- le regaño, pero junto mi nariz con la suya, haciendo un beso de esquimal.
-Sí, pero me amas.- responde él más espabilado.
-Más que a nada en este mundo.- no puedo decir nada más, porque sus labios se juntan con los míos en un microsegundo. Podrían pasar segundos, minutos, horas, días, semanas, meses o incluso años, y yo seguiría estando así, besándole. Nunca, nunca me cansaré de besarle.
-Venga, arriba…- murmuro, aunque se me han quitado las ganas de moverme.
Nos levantamos y empezamos a guardar las cosas en las maletas. Yo me pongo ropa limpia y de abrigo (http://www.polyvore.com/40/set?id=73339655) ya que ahora nos parecerá que en Londres hace demasiado frío. La mañana pasa muy rápido, y a las once y media ya estamos en la Terminal, con los controles pasados, las maletas facturadas y los billetes validados.
Le doy un fuerte abrazo a mi primo Ricard y a mi padre.
-Cuidaros.- les digo secándome unas cuantas lágrimas.
-Y vosotros, portaros bien.- responde mi padre. ¿Hola? ¿Laura, te ha llegado la indirecta? Le fulmino con la mirada. Él se echa a reír y me abraza.- ¡No te enfades, anda!
Me rindo y le devuelvo el abrazo, ya que se me hace imposible estar enfadada con él.
Me giro y veo cómo Silvia está colgada del cuello de Liam, mientras miles de lágrimas caen por sus mejillas.
-Ay, Liam…- gimotea contra la camisa de mi chico.- No os vayáis, por favor…
Liam se echa a reír. Yo me acerco y me uno a su abrazo.
-Tranquila, Silvia, en dos meses nos volvemos a ver.- le anima Liam.
Al final la estridente voz del altavoz diciendo que los pasajeros con el vuelo Barcelona-Londres hace que Silvia se separe de nosotros, no sin antes darnos un beso en la mejilla a cada uno. La verdad es que me alegro de tener una hermanastra tan encantadora y positiva.
Subimos al avión, y cuando ya estamos en el cielo, me desato el cinturón y me estiro sobre el asiento.
-Qué ganitas de llegar a casa…- canturreo.
-Y que lo digas.- me responde Liam con voz sexy (más de lo que ya es). Yo sonrío aunque sé que no podremos hacer nada esta noche. Me ha surgido una pequeña complicación, espero que a él no le importe.
Cojo mi móvil y los auriculares. Abro mi bolso y le alcanzo a Liam un libro electrónico que le regalé para su cumpleaños. Dentro le descargué los libros de la saga de ‘’Crepúsculo’’ y de ‘’Los juegos del hambre’’. Él empieza a leerse ‘’Luna Nueva’’ mientras en mis auriculares suena la increíble voz de Hayley Williams.
En lo que parecen escasos minutos, una azafata nos pide que nos volvamos a atar los cinturones. El avión toca tierra y las puertas se abren. Salimos a la pista y entramos en la Terminal. Recogemos las maletas y nos dirigimos a los mostradores.
Ahí están todos esperándonos. En cuanto nos ven, empiezan a gritar y saltar. Niall corre hacia mí y me levanta entre sus brazos, mientras alguna que otra lágrima cae de mis ojos.
-¡Hola, preciosaaaaaaaaaa!- me saluda a voz en grito. Yo suelto una risita nerviosa.
-¡Hola, pequeño duendeeeeeeeeee!- le respondo en el mismo tono, y le revuelvo el pelo. Después me lanzo hacia el chico enrulado y su novia.
-¡LAAALIII!- me grita Leyre al oído, y me abraza.- ¿Qué tal, cómo ha ido todo por España?
-¡Muy bien!- respondo sonriente. Alguien me da unos toquecitos en el hombro, y me encuentro de frente con el chico malo de Bradford. Me lanzo instintivamente sobre él.- ¡ZAAAYNIEEE!- chillo. Él se echa a reír.
-¿Vas Happenin’, Laura?- me saluda, y me da un beso en la mejilla.
Saludo también a Louis y Sandra con mucha efusividad. Con ellos también ha venido un chico alto, de pelo largo y dorado, piel morena y ojos oscuros. Le reconozco, es Andy Samuels, el mejor amigo de Liam. No le veía desde el cumpleaños de Liam, y eso que estuvo poco rato con nosotros.
-¡Hola, guapa!- me saluda, y me da un abrazo cariñoso.- Te acuerdas de mí, ¿verdad?
-¡Cómo olvidarte!- suspiro.- Eres el único humano capaz de emborracharse con Pepsi, eso no se olvida nunca.
Andy estalla en sonoras carcajadas a la vez que Niall, que está al lado de nosotros.
Salimos al aparcamiento y nos encontramos a Paul apoyado en la gran furgoneta negra. Le doy un efusivo abrazo y todos nos subimos a ella, menos Andy, que se va en su propio coche.
Al cuarto de hora llegamos a nuestros pis… ¡Pero si estamos en la puerta de Nando’s! Niall se gira hacia mí y le brillan esos increíbles ojos azules que hacen suspirar de amor a millones de chicas por todo el mundo.
-¿No lo habéis echado de menos?- nos pregunta a Liam y a mí.
-Ha puesto de excusa vuestra vuelta para venir a comer aquí y atiborrarse de comida.- nos explica Harry. Yo me echo a reír.
-¡Mentiroso de mierda!- replica Niall con las mejillas sonrojadas.
Entramos en Nando’s y nos pasamos todo el rato haciéndonos fotos y contándonos lo que hicimos Liam y yo por España. Al salir, vamos andando hacia nuestros pisos mientras seguimos haciéndonos fotos. Mientras los chicos van unos metros más adelante, yo le cuento a Leyre y Sandra la pelea que tuve con Liam en la discoteca de Madrid y cuando mi padre nos pilló en una actitud demasiado cariñosa.
-Ay, si es que no aprendes…- suspira Sandra. Yo le doy una colleja.- ¡Eh!
-¡Corre Laura, huye!- me grita Louis, y se agacha en una clara invitación a que me suba a su espalda. Lo hago y me lleva a caballito por el puente de Londres, bajo la atenta mirada de unos cuantos viandantes.- ¡Allá vamos, el caballo Tommo y la princesa Payne!
Yo no puedo parar de reír. ¿Cómo puede ser tan crío? Y encima es el mayor de los cinco… Adoro lo extravagante y divertido que es, y esa locura que emana por todas partes.
-Qué vergüenza, por favor…- murmura Harry unos pasos más atrás.
Louis se gira y se encara a él.
-Celoso.- le dice, y le saca la lengua.
-Imbécil.
-Pues vale.
-Te quiero.
-Yo a ti no.
-Mentira.
-Tienes razón.
Me bajo de la espalda de Louis y me acerco a Liam, mientras la divertida discusión ‘’de pareja’’ de Louis y Harry sigue sonando de fondo. Le paso un brazo por la cintura a la vez que él lo hace por mis hombros.
-Estoy deseando llegar a casa…- susurra junto a mi oído. Un escalofrío me sube por la espalda, aunque me muerdo el labio inferior. A saber ahora cómo le digo que no podemos hacer nada…
Y al fin, llegamos a casa. Entre bromas y bromas, se nos ha hecho la hora de cenar. Cenamos todos juntos en casa de Zayn. Al terminar, Liam casi me saca a rastras de la casa y vamos corriendo hacia nuestro piso. Abre la puerta en un rápido movimiento y me empuja hacia el interior. Cierra de un portazo y se gira hacia mí. Me rodea la cintura con sus brazos y acerca su rostro al mío.
-Por fin…- canturrea. Está tan cerca que puedo sentir su aliento contra mi piel.
-Liam… tengo un problema…- murmuro.
¡Maldita sea! Estampa sus labios contra los míos y no me deja ni terminar la frase. Vamos hacia el sofá y él se sienta. Yo rodeo su cintura con mis piernas y le pongo las manos en el pecho. Le doy un ligero empujoncito y le miro a los ojos.
-Liam, no puedo hacerlo.- le digo.
-¿Por qué no?
-Porque… Ya sabes, las chicas tenemos ciertos problemas…- dios, ojalá se abra un agujero en la tierra y me trague ahora mismo.
-Pues no, no lo entiendo.- repone él, visiblemente molesto por mi rechazo.
-¡Mierda, Liam!- grito con la cara roja como un tomate.- ¡Pensaba que eras más inteligente! ¡Tengo la menstruación!
Escondo la cabeza en su hombro mientras espero a que se me bajen los colores de las mejillas. Escucho cómo Liam aspira todo el aire de golpe. De repente, escucho su risa nerviosa junto a mi oído.
-Perdona, cielo…- se disculpa. Me pone una mano en la barbilla y hace que alce la mirada para que se encuentre con la suya.- Maldigo a tu reloj biológico, parece que está hecho para fastidiarnos.- añade, y se echa a reír. Yo coreo sus carcajadas, aliviada por ver que no está enfadado.
-Entonces… ¿no te enfadas?- le pregunto avergonzada.
-¿Enfadarme? ¡Claro que no! Eso no lo hemos decidido ni tú ni yo, pequeña.
-Ya, pero… Te vas pasado mañana, y no nos va a dar tiempo…- replico, empezando a sentir una fuerte presión en el pecho. Él no dice nada, se limita a estrecharme fuerte entre sus brazos y a acariciarme la espalda.
-Shhh, cariño, tranquila…- murmura intentando animarme.- No quiero irme y verte así, ¿de acuerdo?- pone sus dedos pulgares en cada una de las comisuras de mis labios y las levanta hacia arriba, formando una sonrisa en mis labios. Se acerca a mí y me besa con suavidad, con delicadeza, con cariño, con ternura… Es un beso especial, cargado de sentimientos y de palabras no dichas. Un beso que podría durar para siempre, y no me importaría.
-Venga, vayamos a dormir, mañana será un día largo.- me dice tras unos minutos besándonos.
Nos levantamos del sofá y vamos a la habitación. Deshago la maleta y echo en un cesto del baño la ropa sucia. Cojo un pijama limpio de la mesilla y me lo pongo. Me tumbo al lado de Liam y le abrazo con fuerza. Le doy un beso en la mejilla y apoyo la cabeza en su hombro. A los pocos minutos, me quedo dormida.



Me despierto al escuchar un pequeño alboroto en el baño. Me levanto y veo a Liam echando gomina y unas cuantas cremas en su neceser. Se mira al espejo y repara en cómo yo le observo desde la puerta.
-Buenos días, pequeña.- me saluda sonriente. Se gira y me abraza.- No pretendía despertarte, es que se me han caído unas cremas al suelo…
-Últimamente estás muy torpe, ¿eh?- repongo entre risas. Él también se echa a reír.- ¿Quieres que te ayude a hacer las maletas?
-No hace falta, de verdad…
-Va, que si no me aburro.
-Está bien…
Nos pasamos la mañana llenando dos maletas inmensas de ropa, zapatos, artículos de aseo y el portátil. También subo al piso de arriba y ayudo a Niall a hacer su maleta, ya que Leyre ayuda a Harry, y Sandra a Zayn y Louis.
-Mira lo que tengo para ti, Niall…- canturreo mientras cojo una caja de regalo y se la entrego.- Es de España, espero que te guste.
Él me mira con los ojos brillantes. Abre la caja con rapidez y saca la camiseta que hay en su interior. Es de la selección española, se la encargué comprar a mi padre el día que estuvo fuera. Detrás, con letras amarillas, está puesto el nombre de ‘’Nialler’’, y debajo está el número 13.
-Es… es… ¡Es genial, Laura! ¡Muchas gracias!- se acerca pegando saltitos hacia mí y me da un abrazo de oso.
-¡No hay de qué, rubito!- le respondo alegremente.- también les he comprado unas a los demás, pero se las daré en la comida.
Termino de ayudar a Niall a preparar su maleta y bajamos a la casa de Harry, ya que hoy vamos a comer todos juntos allí. Cuando terminamos, les doy las camisetas con sus nombres: ‘’Zaynie, 12’’, ‘’Tommo, 17’’, ‘’Hazza, 1’’ y ‘’Liam, 29’’. Todos me abrazan y me lo agradecen, y me prometen ponérselas el día del concierto en el MSG.
Alguien llama a la puerta. Leyre se levanta a abrir y Paul entra en la casa.
-Chicos, siento interrumpir pero vengo a deciros los planes de mañana porque me tengo que ir corriendo a arreglar unas cosillas del hotel.- dice acelerado.- A ver… El avión sale a las 11 de la mañana hora inglesa. Llegaremos a Los Ángeles sobre las 4 de la mañana. A las 11 tenéis ensayo en el recinto de los premios, ¿de acuerdo?
-¡Entendido, mi sargento!- asiente Louis, y le hace el saludo militar. Todos nos echamos a reír.
Paul se va y nos quedamos toda la tarde en casa de Harry viendo películas. Bueno, viendo películas no, haciendo el tonto. Hacemos una TC desde la cuenta de Niall, y ellos se despiden de Londres y dicen que están muy emocionados por las promociones y entregas de premios a las que van a asistir durante estos dos meses. También presentan oficialmente a Sandra como ‘’una gran amiga del grupo’’. Zayn no dice nada, ellos lo prefieren así para no montar demasiado revuelo antes de irse.
Apagamos el ordenador y nos vamos cada uno a nuestras respectivas casas. En cuanto entro en mi habitación, me giro hacia Liam. Con sólo mirarme, ya ve lo que necesito. Se acerca a mí y me abraza con fuerza, mientras mis lágrimas empiezan a mojarle la camiseta.
-Sh, cariño, no quiero verte así.- dice junto a mi oído, con la voz contenida. Le miro a los ojos y veo que él también está medio llorando.
-Liam… Te voy a echar de menos.- sollozo.- No voy a poder aguantar dos meses, me muero sin ti…
Y en eso se basan las siguientes horas. Abrazados en la cama, besándonos y llorando. No hablamos, sólo dejamos que nuestros sentimientos afloren en nuestra última noche juntos. Hasta que cerca de las tres de la mañana, el llanto pasa a convertirse en sueño, y me quedo dormida entre los brazos de Liam.



Me despierto, pero no quiero abrir los ojos. El día que llevaba tiempo temiendo a que llegara ha llegado. No quiero obligarme a abrir los ojos y dejar escapar a la persona más importante de mi vida, dejarla marchar durante dos meses y medio, y que nos separen cientos (por no decir miles) de kilómetros.
Estoy abrazada a él, y sus manos recorren mi espalda. Yo sorbo por la nariz en un intento de respirar hondo. El haber estado llorando toda la noche me ha dejado la garganta y los ojos destrozados. Levanto la mirada y me encuentro con los preciosos ojos de Liam, esos mares infinitos de color castaño que hoy tienen un clarísimo tinte de tristeza. Son un claro reflejo de mis ojos.
Sonrío con debilidad y le acaricio la mejilla.
-¿Preparado?- le pregunto en un susurro.
-No.- niega él con tono cascado.
-Yo tampoco.- repongo, y suelto una risa apagada. Él sonríe con tristeza.
Después de un cuarto de hora tumbados en la cama besándonos y abrazados, decidimos levantarnos a duras penas. Me ducho mientras Liam termina de meter su neceser en la maleta. Mientras él se ducha, yo bajo las maletas al portal. Me encuentro con Leyre y Sandra. Nos abrazamos entre las tres, sin decir nada.
-Es el peor día de mi vida.- resopla Sandra con asco.
-Ya somos dos.- añado yo.
-Ya somos tres.- dice Leyre, y las tres nos reímos sin ganas.
La furgoneta de Paul llega y nos ayuda a meter toda la pila de maletas en el inmenso maletero. Josh Devine baja minutos después y añade las suyas. Los chicos bajan. Veo que Liam lleva la camiseta de Batman que le regalé, lo que hace que sonría como una completa idiota.
Por extraño que parezca, los nueve cabemos perfectamente en el gran vehículo. A la media hora llegamos al aeropuerto. Yo empiezo a respirar con dificultad. Sacamos todas las maletas y nos metemos en la Terminal. Pasamos por todos los controles y facturan las maletas. Llega el momento de despedirse.
Me lanzo instintivamente a los brazos de mi duendecillo irlandés, que me devuelve el abrazo con ganas.
-Te voy a echar de menos, mi duendecillo.- lloriqueo mientras le peino el pelo con cariño.
-Y yo a ti, duendecillo.- me responde, y me da un beso en la mejilla.
-Harry…- murmuro, y el chico enrulado sonríe. Abre los brazos y me abraza con fuerza.- Sé bueno.
Se echa a reír y me da un beso en la coronilla.
-Cuida de mi Leyre.- murmura junto a mi oído. Yo sonrío, le doy un beso en la mejilla y le revuelvo los rizos antes de acercarme a Louis y subirme a él como un koala.
-¡Boo, te voy a echar muchísimo de menos!- grito con la voz rota. Louis suelta una risita y me da un beso en la mejilla.
-Y yo a ti, princesa Payne.- responde.
Es el turno de despedirme de Josh. Le abrazo con fuerza.
-Cuídate, Josh.- le digo.
-Y tú también, Laura. Cuando venga Amanda, dile que la amo.
Yo sonrío al escuchar el amor que desprende su voz al decir el nombre de mi prima.
-Pero si hablas con ella todos los días…- replico, y me echo a reír.
-Ya, pero díselo en persona.
-Sin problema.- acepto, y le doy un beso en la mejilla. Veo a Zayn con los brazos abiertos hacia mí, a lo que yo respondo lanzándome sobre él.- ¡Zayn!- lloriqueo.
-¡Chica mala de Wolverhampton!- responde él. Yo me echo a reír al escuchar mi nuevo mote.- Te voy a echar de menos.
-Y yo a ti, Zaynie.
Le doy un beso en la mejilla y me separo. Llega el momento de despedirme de él. Me acerco arrastrando los pies hacia Liam. Vuelvo a convertirme en un koala y le rodeo la cintura con mis piernas mientras mis brazos descansan alrededor de su cuello.
-Liam, Liam, Liam…- sollozo. Escucho su llanto junto a mi oído. Le cojo el rostro entre mis manos y le beso con fiereza, de manera casi febril.
-Hablaremos todos los días, ¿de acuerdo?- dice él. Yo asiento de inmediato.- No pasará ni un solo día en el que no hablemos.- me vuelve a atraer hacia él y me estrecha entre sus brazos.- Te quiero, Laura. Te amo, te amo, te amo…
-Te amo, Liam. Te quiero.- respondo.
Él empieza a rebuscar en el bolsillo trasero de sus pantalones. Saca de él una pulsera plateada, de la que cuelga una ‘’L’’ de plata pura y dura, seguida del símbolo del infinito.
-Para que no te olvides de mí.- comenta mientras me la anuda en la muñeca izquierda.
-No me voy a olvidar de ti, Liam.- replico. Le vuelvo a abrazar y mis labios se funden con los suyos en un momento que desearía que fuese eterno.
-Señores pasajeros del vuelo 491 con ruta Londres-Los Ángeles, por favor vayan validando sus billetes en la puerta de embarque. Gracias.- dice la voz del altavoz, inundando por completo toda la Terminal.
-No…- murmuro.
Liam me vuelve a besar. Me abraza y se separa de mí. Me vuelve a lanzar un beso con un soplo mientras se alejan. Pasan la puerta de embarque y se desvanecen por ella. Se van durante dos largos meses, y no puedo hacer nada por evitarlo. Y ahí nos quedamos Leyre, Sandra y yo, con miles de besos de despedida pegados a los labios, mientras ese vuelo 491 se lleva una parte importante de nuestros corazones por un largo tiempo.

Quizá es muy corto, pero así al siguiente ya pongo cuando vamos a NYC. Lo subiré la semana que viene seguramente. Sólo quiero daros las gracias a todas las que me habéis estado acompañando durante esta aventura y me habéis animado a no dejar de escribir, con ya 39 capítulos y 5000 visitas. Muchísimas gracias, de verdad no sé cómo puede haber personas tan increíbles en el mundo.<3

Lali.

viernes, 22 de febrero de 2013

Capítulo 38: ''It will rain''.


Me despierto con una canción que suena junto a mi oído. Es ‘’More Than This’’. Sonrío sin darme cuenta. Pero… No está puesta en ningún reproductor. Abro los ojos y me encuentro a Liam cantándome la canción junto a mí.
-¿Y esto?- inquiero estirándome y dándole un beso en la punta de la nariz.
-Darte los buenos días como te mereces.- responde sin más.
Me levanto y voy a abrir la puerta. En cuanto lo hago, una persona se lanza sobre mí.
-¡Buenos días!- grita Silvia. Yo me echo a reír.
-Buenos días, Silvia.
-¡Venga, venga, venga, bajemos a desayunar, nuestros padres se han ido para tooodo el día y tengo planes perfectos!- canturrea acelerada.
Nos deja cinco minutos de reloj para asearnos. Bajamos a la cocina y el desayuno ya está puesto en la mesa. Silvia está sentada en una silla que casi rebota en el suelo de los saltitos que ella pega.
-A ver, ¿cuáles son esos maravillosos planes de los que nos hablabas antes?- pregunta Liam mientras unta mermelada en una tostada.
Silvia se sonroja.
-Hoy es el cumpleaños de mi mejor amiga y esta noche le hemos organizado una fiesta en una discoteca en la que pueden entrar menores.- responde avergonzada.- No contaba con vuestra llegada, pero… No os importaría venir, ¿verdad? Es muy fan de 1D, y no me puedo ni imaginar el sorpresón que se lleva.
-¡Claro, vamos a la fiesta!- acepta Liam de inmediato. Yo asiento de acuerdo.
Decidimos irnos los tres a dar un paseo por Barcelona. Yo me pongo esto http://www.polyvore.com/39/set?id=72922687 porque hace muchísimo calor. Salimos a la calle y comenzamos a avanzar. Silvia va pegando saltitos y sonriendo con orgullo, como diciendo: ‘’Eh, mirad quién va conmigo, son Liam Payne y su novia’’. Detrás de ella vamos Liam y yo, cogidos de la mano. Tengo la cabeza apoyada en su hombro mientras avanzamos por las ramblas. Vamos al paseo marítimo y nos hacemos unas cuantas fotos. Liam sube a Twitter una foto nuestra con el mar Mediterráneo de fondo, y pone:
¡Inolvidable viaje a España con mi pequeña, @LauraSaturque! Prometo repetir.
De vez en cuando, alguna chica nos reconoce. Le piden autógrafos a Liam y se hacen fotos con él. Un grupo de chicas me pide que me ponga con ellas y con él en la foto, a lo que yo acepto encantada.
Para no tener que volver a casa aún, preferimos quedarnos a comer en un McDonald’s cercano al paseo.
-Liam, ¿cómo son los chicos detrás de las cámaras?- le pregunta Silvia a mi novio mientras le da un sorbido a su refresco.
-Pues… Zayn es un poco creído, pero siempre nos defiende el primero.- comienza Liam.- Harry y Louis son nuestra parejita feliz, siempre están haciéndonos reír a los demás. Y Niall es un cielo. Nunca pierde ninguna oportunidad para darte un abrazo. Ten cuidado cuando le conozcas.- añade con malicia.
El haber hablado de mis chicos hace que les eche de menos con todas mis fuerzas. Silvia se ríe nerviosamente.
-Bueno… Yo a Niall le dejaré que me dé todos los abrazos que él quiera, tiene preferencia.- dice con las mejillas encendidas.
Yo me echo a reír.
Volvemos a casa y vemos la tele un rato. Pedimos unas pizzas y nos las comemos mientras vemos la MTV. En un momento dado, sale el vídeo de LWWY. Silvia y yo nos subimos al sofá y saltamos mientras cantamos la canción, bajo la mirada inquisitiva de Liam, que está sentado en el suelo, apoyado en el sofá.
Se tapa la cara con las manos y sacude la cabeza.
-Madre mía, qué novia más pirada tengo…- murmura. Yo cojo un cojín y se lo lanzo. Él levanta la mirada y sonríe con malicia.- ¡Tú lo has querido!
Entre los tres comenzamos una guerra de cojines y almohadas. Jugamos al escondite durante la siguiente hora y acabamos agotados. Hasta que es la hora de irnos a la fiesta de Sara, la mejor amiga de Silvia. Me cambio de ropa ya que después de tanto correr por la casa la que llevo puesta está empapada en sudor, y me pongo esto: http://www.polyvore.com/38/set?id=72921133. La discoteca está a dos calles, así que vamos andando. Entramos en una sala que tenían reservada para el cumpleaños de Sara. Nos presentan a sus amigas, y ninguna puede evitar gritar o echarse a llorar al ver a Liam. También me saludan efusivamente a mí, como si yo también fuera famosa.
Estamos sólo unas veinte personas. También ha venido mi primo Ricard, lo que alivia visiblemente a Liam después de tanta fan acosándole. Nosotros le enseñamos al camarero nuestros carnés para que verifique que somos mayores de edad para que podamos tomar alcohol. Yo me pido mi mojito y Liam un malibú con piña poco cargado, ya que su segundo riñón lleva poco tiempo funcionando.
-Se lo voy a decir a tu padre.- me advierte Ricard. Yo le saco la lengua.
De repente suena ‘’Somebody To Love’’ de Justin Bieber. Yo suelto un grito y me levanto de la silla. Me pongo a bailar junto a Silvia y Sara, y me olvido del mundo.


(Habla Liam)

La veo allí, bailando con su hermanastra mientras Justin suena a todo volumen. Verla tan feliz es lo único que necesito en esta vida. En… ¿cuánto, cinco meses? En cinco meses se ha convertido en la razón por la que me dejo la piel en los escenarios; es la culpable de mi felicidad, de mi sonrisa y de mis ganas de vivir. Y me agrada saber que yo soy el culpable de lo mismo para ella.
Me acuerdo cuando la conocí. Cómo olvidar aquel día, en el que mi vida pegó un giro de cincuenta mil grados. En el que mi manera de ver las cosas cambió por completo, gracias a Laura. Lo he pasado mal a lo largo de esta vida, y ella también. Nos hemos estado apoyando, escuchándonos el uno al otro y haciéndonos reír cuando más lo necesitábamos. Y esa fuerte amistad, un día se convirtió en amor. Aunque para mí fue amor desde el primer día, lo que pasa es que no me atrevía a decírselo.
Laura desvía su mirada y clava sus ojos en los míos. Una sonrisa se dibuja instantáneamente en su cara, a la vez que en la mía. Se acerca dando saltitos y se pone delante de mí. Me rodea el cuello con sus brazos y estampa sus labios contra los míos. Es increíble las sensaciones que provoca en mí cuando me besa, me toca o con sólo mirarme. Es como si todo mi cuerpo se prendiera en llamas, y un millón de mariposas se agiten en mi estómago. Una vez que empiezo a besarla, me es casi imposible detenerme.
-Te quiero.- susurra sobre mis labios. Yo sonrío y la vuelvo a besar.
Me gustaría salir a la calle y gritar: ‘’ ¡ESTA ES MI NOVIA, LA AMO CON TODAS LAS FUERZAS DE ESTE UNIVERSO, Y NADA NI NADIE VA A CONSEGUIR SEPARARME DE ELLA!’’. Me gustaría convocar a todas las revistas y televisiones del mundo y decirlo en público. Dejarle claro a todas y cada una de las personas de este mundo que por muchos rumores que inventen sobre mí, o por mucho que no les guste nuestra relación, nada va a cambiar lo que siento por ella. La conozco desde hace cinco meses, pero tengo más que claro que es con ella con quien quiero pasar el resto de mi existencia.
Laura suelta una risita nerviosa y se separa de mí, ya que tenemos a 15 adolescentes delante de nosotros y lo nuestro está subiéndose de tono a gran velocidad.
-Se me olvidaba que estamos en un lugar público.- murmuro avergonzado.
-Pasado mañana volvemos a Londres.- canturrea Laura otra vez a escasos centímetros de mi cara. Una sonrisa pícara se dibuja en mis labios.
Se acerca cada vez más. Me muerde el labio inferior, lo que provoca que en mis venas empiece a correr pura adrenalina. El tiempo se detiene y todo deja de tener sentido para mí. Le rodeo la cintura con mis brazos y ella se sienta en mi regazo, sin dejar de besarnos.
-Esto…- carraspea una voz junto a nosotros. Nos separamos de inmediato y veo cómo los ojos de Silvia se entrecierran.- ¿Qué, haciéndome sobrinos?
Laura resopla y agacha la mirada.
-Otra…- murmura. Yo suelto una carcajada nerviosa.
-¿Querías algo, Silvia?- le pregunto intentando cambiar de tema.
-Esto… No sé cómo pedírtelo…- balbucea.- Te… ¿te importaría cantar alguna canción del grupo?
Yo me vuelvo a echar a reír.
-¡Por supuesto que no, será divertido!- acepto.- Pero no voy a cantar una del grupo… Prefiero cantar una de mis canciones favoritas.
-¡Sin problema!
-¿Qué canción vas a cantar?- me pregunta Laura con curiosidad.
-Ahora verás.- le respondo divertido. Le doy un beso fugaz y me levanto.
Me acerco al escenario y busco el nombre de la canción en el ordenador. Cojo el micrófono mientras ‘’It Will Rain’’ de Bruno Mars comienza a sonar por toda la sala.
Laura está sentada junto a su primo Ricard en la barra. Sus ojos se abren de par en par y se cristalizan al escuchar los primeros acordes de nuestra canción.
Mientras canto y todos los allí presentes gritan y bailan, yo bajo del escenario y me acerco a Laura. La cojo de la mano y la subo conmigo al pequeño escenario. Hago que se siente en una silla y sigo cantando la canción mientras le miro a los ojos, la abrazo y sonrío. Ella llora, y yo casi interrumpo mi actuación para besarla, pero me contengo.
If you walk away, everyday it will rain, rain, rain, ra-a-ain.
La canción termina y todos aplauden. Pero yo no les presto atención. Sólo tengo ojos para mi Laura, que me abraza y me besa las mejillas, la frente, la punta de la nariz y los labios una y otra vez. Y la letra de la canción cobra sentido. Porque si ella se marchara, todos los días serían nublados y llovería a cántaros.
-Gracias, gracias, gracias…- va diciendo entre beso y beso.
Yo le devuelvo el abrazo. Recojo su rostro entre mis manos y conecto mi mirada con la suya.
-Te quiero, nunca lo olvides.- le digo.
-Nunca lo olvidaré, tenlo por seguro.- responde con seguridad. Me acerco a ella y la beso con fiereza, deseando poder estar en nuestra casa de Londres… No sé si voy a poder aguantar dos días más, en serio.
Bajamos del escenario y nos quedamos abrazados en un pequeño sofá, mientras todos los demás continúan bailando y disfrutando a su manera. Pero nuestra manera de disfrutar es estando así, en nuestra pequeña burbuja privada.
-A veces desearía no ser quien soy.- comento acariciándole la espalda a Laura.
-¿Cómo?- pregunta ella extrañada.
-Desearía poder salir a la calle contigo y no tener veinte paparazzis a nuestras espaldas.- respondo.- Desearía poder estar contigo sin las habladurías de la gente. Sin ser conocido por todo el mundo. Poder disfrutar de ti a solas, sin que nada ni nadie se interpusiera entre nosotros.
Laura se irgue a mi lado. Se sienta sobre mi regazo y me peina el pelo con delicadeza.
-Cariño,- comienza, y me pone las manos a ambos lados de mi cara.- Nada ni nadie se va a interponer entre nosotros, ¿de acuerdo? Por muy famoso que seas, y por muchos kilómetros que nos separen, eso no va a hacer que te deje de amar con toda la fuerza del universo.
¿Sabéis esa sensación de cuando la persona a la que amas te dice que también te ama? Es una sensación increíble, me hace sentir poderoso, liberado e inmensamente feliz. Así que en vez de dejar su frase en el aire, le respondo con un largo e intenso beso en los labios, donde demuestro que la quiero más que a nada, más que a mi vida.
-Liam…- susurra entrecortadamente, y se separa de mí.- No hagas eso, por favor…- me suplica entre dientes.
-¿Por qué no?
-Porque una vez que empiezo, no puedo parar. No quiero parar.- responde con voz provocadora. Mi corazón empieza a latir como si me hubieran aplicado una descarga.
-Pues no pares.- repongo con el mismo tono de voz.
Ella suelta una risita nerviosa, lo que hace que mi deseo aumente por microsegundos.
-Chicos, se acabó la fiesta.- anuncia Ricard a voz en grito desde la pista.
-Venga, vámonos.- me anima Laura, que se intenta levantar de mi regazo. Pero yo le rodeo la cintura con mis brazos y se lo impido.- ¡Oye, suéltame!
-No quiero.- me niego.- Si me das un beso, te suelto.
Ella pone los ojos en blanco y se acerca lentamente a mí. Simplemente roza sus labios con los míos.
-Listo.
-No.
-¿Cómo que no?- inquiere ella.
-Eso no era un beso.
-¿Y cómo son los besos para ti?
-Así.- no soy tan lento como ella y me lanzo instintivamente a sus labios, hambriento de ella. Ella al principio se intenta separar de mí poniendo sus manos en mi pecho, pero acaba rindiéndose y enroscando sus brazos en torno a mi cuello. Mi lengua juega con la suya, como un adicto cuando obtiene su mayor droga.
-Liam…- vuelve a susurrar Laura sobre mis labios.
-¿¡CHICOS!?- grita Ricard nuevamente.- ¿Me estáis escuchando? ¡Dejad de hacer manitas y venid!
Yo resoplo, porque no quiero que este momento acabe. Nos levantamos y vamos cogidos de la mano hacia Ricard.
-Anda, que ya os vale, ¿eh?- nos regaña. Laura le saca la lengua.- Esas cosas se hacen en casita o en un hotel, no en un lugar público con menores mirando.- añade con malicia.
Yo le doy un puñetazo en el hombro mientras mis mejillas empiezan a arder en llamas.
-Cállate.- murmuro. Ricard se ríe de mi expresión.
Salimos a la calle. Me despido de las amigas de Silvia y nos vamos hacia casa. En cuanto cerramos la puerta, cojo a Laura de la mano y la arrastro corriendo por las escaleras.
-¡Buenas noches, Silvia!- exclamo sin siquiera girarme.
-¡Hasta mañana, chicos!- responde ella.
Laura y yo nos metemos en nuestra habitación. Cierro la puerta y me giro hacia ella. La rodeo con mis brazos y estampo mis labios contra los suyos.
-Me he quedado con ganas de más…- digo mientras me detengo para coger aire.
Laura sonríe y pega un salto, suficiente para rodear su cintura con mis piernas. La aprisiono entre una de las paredes de la habitación y mi cuerpo, mientras mis labios se funden con los suyos como si desde un primer momento estuvieran hechos para encajar. Mi camiseta desaparece casi a la vez que la suya.
Un golpe en la puerta nos hace separarnos de inmediato. El padre de Laura nos fulmina con la mirada. Yo agacho la cabeza mientras deseo que me trague la tierra. En cambio, Laura coge una almohada que había en el suelo y se la lanza a la cabeza.
-¡Papá!- grita con la voz más chillona de lo normal, a causa de la vergüenza.- ¿No sabes llamar o qué?
Carlos entrecierra los ojos e ignora la pregunta de su hija.
-No quiero ser abuelo tan joven, cielo.- dice. Laura se queda boquiabierta y yo me dejo caer sobre la cama.
-No eres tan jóven, papá.- contraataca Laura.
-Dios, tierra trágame…- murmuro contra las sábanas. Carlos suelta una carcajada malévola.
-Hasta mañana, pareja.- se despide.
-Adiós, papá.- responde Laura empujándole hacia el exterior de la habitación. En cuanto los pasos se pierden por el pasillo, ella se sienta a mi lado en la cama y esconde el rostro entre las rodillas.- Perdona a mi padre, pero tiene la costumbre de entrar a los sitios como si estuviera por su casa.
-Es que técnicamente estamos en su casa.- replico, y me echo a reír. Ella corea mis risas.
-Me refiero a que nunca llama antes de entrar, y claro, nos ha visto en ese plan…- se sonroja, algo que me encantará siempre.- Estoy hasta las narices de eso de que les hacemos sobrinos y nietos.
-Pues algún día tendremos que hacérselos para que se callen, ¿no?- propongo mientras la cojo del brazo y hago que se tumbe a mi lado.
Veo cómo sonríe.
-¿Cómo querrás llamar a nuestros hijos?- le pregunto después de unos minutos en silencio.
Laura no me responde, así que quizá se haya dormido ya.
-Me da igual.- responde. Levanta la cabeza y me mira con ternura.- Sólo pido que detrás de su nombre lleven nuestros apellidos.
CLAC, CLAC, CLAC. Por favor, ¿me puede ayudar alguien a recoger los trocitos de mi corazón? Creo que se me han caído al suelo.
-Eres lo mejor que me ha ocurrido en esta vida, joder.- repongo y la estrecho fuerte entre mis brazos.
Escucho su risa invisible junto a mi oído. Nos volvemos a quedar callados, hasta que el cansancio acumulado me pasa factura y me quedo dormido abrazado a ella, a lo que acabo de decir que es lo mejor que me ha ocurrido en esta vida.


(Habla Laura)

Me despierto por culpa del canto de un pájaro. Abro los ojos y descubro a Liam apoyado en el marco de la ventana abierta, y su mirada está perdida en la infinidad de Madrid.
Debe de escuchar cómo me estiro sobre la cama, porque se gira y me mira. Sonríe con ternura y se acerca. Se sienta a mi lado y acerca su rostro al mío.
-Buenos días, cosa bonita.- canturrea. Yo me echo a reír y le doy un beso en los labios.- ¿Tienes resaca?
Yo niego con la cabeza.
-Perfecto, entonces te acuerdas de lo que pasó ayer con tu padre, ¿verdad?- continúa, con las mejillas encendidas al rojo vivo.
Yo me ruborizo de la misma manera al recordar a mi padre viéndonos ayer en una actitud… Demasiado cariñosa.
Liam se echa a reír, sacándome de mi bochorno. Me levanta la barbilla con su mano y me mira a los ojos.
-¿Crees que nos dirá algo?- me pregunta con un poco de pánico.
-Estoy segura de que directamente no dirá nada.- respondo.- Pero nos va a lanzar más de una indirecta, ya lo verás.
Liam se vuelve a poner rojo. Nunca le he visto pasar tanta vergüenza, y me hace mucha gracia verle tan intimidado. Me echo a reír y le acaricio la mejilla.
-Tranquilo, mi padre sabe controlarse.- le animo. Él sonríe con nerviosismo.
Bajamos a la cocina y nos encontramos a Carlos, Silvia y Lorena a punto de salir por la puerta principal.
-¡Ah, buenos días!- nos saluda Lorena.- Vamos a comprar comida, hoy nos vamos al parque de atracciones. ¿Os apetece?
Yo asiento con entusiasmo, a la vez que Liam.
-¡Perfecto!- exclama mi padre.- Volvemos en una hora… No hagáis travesuras.
Hala, ya tenía que decirlo. Se ríe con malicia al ver cómo los colores ascienden por mis mejillas y las de mi novio.
-Y espera, que el día no ha hecho más que empezar…- le murmuro a Liam. Él resopla con cansancio.
Mi padre se vuelve a reír.
-¡Hasta luego!
Cierran la puerta, y yo suelto un largo suspiro que hace eco por toda la casa.
-Me voy a duchar.- anuncio mientras comienzo a subir las escaleras y abro la puerta del baño.
-Yo también.- dice Liam. Yo me giro y le miro alzando las cejas. Su expresión es muy provocadora.
-No.- niego con rotundidad al ver sus intenciones. Él asiente.- ¡Que no, Liam!
-¡Han dicho que vuelven en una hora!- se queja haciendo pucheros.- Nos da tiempo de sobra.
Yo suelto una carcajada nerviosa. Nunca me había imaginado a Liam de esta manera tan… Provocadora.
-Eres tonto.- digo. Le pongo una mano en el pecho y le empujo hacia el pasillo. Cierro la puerta del baño y echo el pestillo.
Me quito el pijama y lo dejo caer en el suelo del baño. Me meto en la ducha y dejo que el agua templada me aclare las ideas. Después de un cuarto de hora lavándome el pelo aclarándomelo, salgo de la ducha y cojo una toalla blanca del armario. Me la enrollo por el cuerpo, justo por debajo de los brazos. Entonces es cuando me doy cuenta de que…
-¡Mierda!- susurro con furia. Abro la puerta del baño sólo un poco.- ¡Liam!- grito.
-¿Sí?
-¿Me puedes traer un conjunto de ropa limpia, por favor?- le pido.
Su cabeza asoma por la puerta de nuestra habitación. En sus ojos veo malicia.
-No puedo.- dice.
-¿Cómo?- pregunto incrédula.
-Soy tonto, ¿recuerdas?- yo me quedo boquiabierta. Será cínico…- No puedo alcanzarte ropa… tienes que venir tú solita a buscártela.
-Me da vergüenza, Liam…- murmuro.
Él sonríe.
-Cariño, ya te he visto sin ropa. No tienes de qué avergonzarte.- me anima con los ojos brillantes de burla.
-Eres un capullo.
Recojo el pijama del suelo y me encamino hacia nuestra habitación, sintiendo los ojos de Liam sobre mi cuerpo. Le ignoro lo máximo que puedo, aunque se me hace muy difícil. Me acerco a mi maleta y empiezo a rebuscar entre las camisetas y los pantalones. De repente, sus brazos me rodean la cintura y sus labios acarician mi nuca.
-Eres perfecta, Laura.- susurra sobre mi oído, lo que me provoca un escalofrío.
-No soy perfecta, Liam.- le contradigo, girando sobre mí misma y quedándome frente a él.
-Sí, eres perfecta. Eres perfecta para mí.
Yo sonrío con fuerza, al recordar que esa es una de las frases de su nueva canción, ‘’Little Things’’. Me acerco a él y le beso lentamente, pero cada vez mis ganas de él aumentan más y más, por lo que él empieza a avanzar hacia atrás y cae de espaldas sobre la cama, conmigo aún encima de él y comiéndole los labios, literalmente. Sus manos ascienden por mi espalda y encuentran el nudo de la toalla que tengo enrollada en el cuerpo. Justo cuando va a desatarla, oímos una voz proveniente del piso de abajo.
-¡Hola, chicos!- grita la voz de Silvia.
-Me cago en mi puta vida…- maldigo entre dientes. Liam suelta una risita sofocada y se levanta.
-Anda, me voy a duchar yo ahora.- dice. Se inclina y roza sus labios con los míos.- Ahora vuelvo.
Se va por el pasillo y se mete en el baño. Yo me quedo mirando el techo de la habitación, tumbada sobre las sábanas. Suspiro. ¿Es posible que todo esto esté ocurriendo de verdad? Mi vida es perfecta: tengo el novio perfecto, que me hace sentir la persona más afortunada y feliz de este mundo; sus cuatro hermanos, que con su música y vitalidad me ayudan a tirar hacia delante; unas amigas de oro, que por muchos meses que pasemos separadas siempre estamos ahí las unas para las otras; una familia que me apoya en todas mis decisiones. ¿Qué más puedo pedir?
La puerta se abre y me saca de mi ensoñación. Liam entra en el cuarto, sin camiseta y sólo con los bóxers puestos.
-¿Cómo se te ocurre salir así por el pasillo?- le pregunto.- Como te vea Silvia así, le da un ataque cardíaco.
Liam estalla en sonoras carcajadas. Yo le imito.
-Está encerrada en su cuarto con la música a tope. ¿A que no adivinas a quiénes está escuchando?
Yo pongo cara de duda, aunque sé perfectamente a quiénes se refiere.
-Hum… ¿Quizá sean esos cuatro lerdos de Inglaterra y ese duendecillo irlandés tan increíbles y que les han cambiado la vida a millones de personas en todo el mundo?
Él sonríe con ternura y se acerca a mí. Me estrecha entre sus brazos, transmitiéndome su calor.
-Te quiero.- me susurra al oído.
-Te amo, tonto.- respondo.
-¡Hora de irse, niños!- chilla mi padre desde el piso de abajo.
Nos cambiamos de ropa. Como vamos al parque de atracciones y hoy el cielo está completamente azul, sin nubes, y con una temperatura de 25º (algo casi inimaginable en Londres), me pongo esto: http://www.polyvore.com/37/set?id=72920649.
Bajamos al primer piso.
-¿Preparados? ¡Vamos allá!- exclama mi padre con entusiasmo. No estará tan feliz cuando yo le haga subir a la caída libre…
Bajamos al portal. A los pocos minutos, aparece mi primo Ricard con su furgoneta gris. Media hora después, llegamos a Port Aventura. A Liam se le dilatan las pupilas al ver la montaña rusa de ‘’Shambala’’, que llega a los 78 metros de altura, y una parte de ella pasa por debajo de la tierra.
-Ay… madre… mía…- tartamudea con la mirada fija en el punto más alto.
Cogemos los tickets y nos adentramos en el parque. Nos pasamos la mañana yendo de atracción en atracción, y me subo varias veces al Shambala con mi primo Ricard. Gritamos y subimos los brazos, sintiendo como si estuviéramos tocando las nubes. Liam prefiere quedarse abajo, ya que no le van mucho las alturas. Recuerdo el día que fuimos al parque de atracciones de Londres, cuando Amanda vino de visita. Lo malo que se puso Liam al subirse a la caída libre… No quiero volverle a hacer pasar por ello.
Bajamos de la montaña rusa por tercera vez. Me tambaleo de un lado a otro, y Liam me recoge entre sus brazos antes de que mi cabeza toque el suelo.
-¡Ten cuidado, pequeña!- exclama.
-Eso está muy alto…- susurro, y suelto una carcajada nerviosa.
Vamos hacia una zona de césped. Lorena saca la comida de la cesta y yo casi me como hasta los cubiertos de plástico, ya que tanto viajecito me ha abierto el apetito de una manera sobrenatural. Esperamos una hora y media paseando por el recinto, sin montarnos en ninguna atracción, ya que no quiero vomitar. Por la tarde hago que mi padre se suba conmigo a la caída libre. Al llegar de nuevo abajo, mi padre tiene la cara roja, las pupilas dilatadas, y jadea con fuerza.
-Ha… ha sido…- balbucea.- ¡Ha sido increíble! ¡Otra, otra!
Yo me río con fuerza. Nunca he visto a mi padre con un subidón de adrenalina tan fuerte. Nunca ha sido muy aventurero, y mucho menos para subirse a este tipo de atracciones.
Se nos hace tarde. Nos quedamos a cenar en un restaurante japonés cercano a la casa de mi padre. Al terminar, llegamos a casa completamente destrozados.
-¿A qué hora sale mañana vuestro vuelo?- nos pregunta Lorena llenando un vaso de agua en el fregadero de la cocina.
-A las doce de la mañana.- respondo con voz cansina.- Pero nos levantaremos a las nueve para terminar de recogerlo todo, porque ahora no tengo ganas de nada.- añado. Todos se echan a reír.
-Está bien, entonces iros ya a la cama, que es tarde.- nos dice mi padre.
Liam y yo subimos las escaleras casi a rastro, porque nos pesa hasta el alma. Entramos en la habitación. Yo ni me cambio ni nada, me tiro sobre las sábanas con toda la ropa de calle puesta.
Liam se deja caer a mi lado.
-Por fin, mañana volvemos a Londres…- canturrea.
-¿Qué pasa, no te gusta estar en España o qué?
-¡Sí, sí! Pero es que… Echo de menos a los chicos, a Leyre, a Sandra… Y echo de menos estar contigo…
Capto al segundo a lo que se refiere. Me sonrojo y escondo la cabeza en la almohada.
-Ay, mañana por fin…- murmuro contra la almohada.
Liam se echa a reír y me tapa con la sábana. Me estrecha entre sus brazos y dejo que el sueño se apodere de mí. Y me duero con el pensamiento de que mañana volveremos a Londres y nos reencontraremos con nuestra otra familia: Zayn, Louis, Sandra, Harry, Leyre y Niall.


Aquí tenéis el 38. Me ha costado más de lo habitual, porque acabo de volver de una revisión de una cosa que me pasa en el riñón (sí, como a Liam), me han puesto una inyección y me duele mucho. Pero creo que al final me ha quedado bien, espero que a vosotros también os lo parezca así :3
El siguiente no sé si me dará tiempo a subirlo el domingo, pero lo intentaré. Será el último de la temporada, OOOOOOOHHH. No me matéis, no voy a estar un mes sin subir. Subiré la semana que viene el primero de la segunda, sólo voy a hacer un salto desde que los chicos se van dos meses hasta el día del MSG, nada más.
Pues bueno, os dejo ya. Estoy todos los días por twitter. Un beso enorrrrrrrrrrme, y muchisísimas gracias por leer.

Lali.

domingo, 17 de febrero de 2013

Capítulo 37: ''Sé feliz''.



(Habla Sandra)

Laura y Liam llevan dos días fuera. Todo está muy tranquilo por aquí: salimos a pasear todos juntos, vemos películas, nos hacemos fotos… Y lo mejor de todo es que paso el 100% de mi tiempo con este chico moreno que me ha conquistado el corazón.
Es muy precipitado, pero salimos desde hace una semana y ya vivimos juntos. Claro, no me iba a quedar yo sola en el piso y más pagándolo… Además, cuando Zayn vino a buscarme al aeropuerto y me dijo que no me fuera, fue el momento más increíble de mi vida. Nunca me esperé que Zayn Malik, el tímido, rebelde y famoso de Zayn Malik se pudiera llegar a enamorar de una persona tan normal como yo.
Es domingo y me despierto a las once de la mañana. Estoy abrazada a él, y él está sin camiseta. Por Dios de mi vida, ¿cómo puede ser tan perfecto incluso dormido? Me lo quedo mirando como una idiota perdida. Aunque esté dormido, parece darse cuenta de cómo le devoro con la mirada, porque se despierta y clava sus ojos en los míos.
-¿Qué haces?- me pregunta medio dormido.
-¿Eh? Yo no, nada…- respondo sonrojada, y giro la cabeza hacia el otro lado.
Zayn suelta una risita y se queda sentado a mi lado. Me rodea la cintura con sus tatuados brazos y me sienta sobre su regazo.
-¿Qué te apetece hacer hoy, nena?- me pregunta. ‘’Nena’’. No me acostumbraré nunca a que me llame así.
-Cualquier cosa con tal de estar contigo.- él sonríe y se acerca a mis labios. Me besa, haciendo que mi mente se desconecte del resto de mi cuerpo y la sangre me empiece a hervir en las venas.
-De acuerdo… ¿Qué te parece si nos tomamos el día para nosotros solos?- me propone. Yo le miro sin entender. Lo siento, nada más levantarme nunca pillo ni lo más obvio.- Ya sabes… Tú y yo, sin los demás.
Se me para el corazón, para que unos segundos después me empiece a latir de una manera sobrenatural, como si le hubieran pegado una descarga.
-¿No te apetece?- inquiere Zayn, poniendo cara triste, aunque en sus ojos hay diversión.
-¡Pues claro que me apetece!- grito de inmediato. Él aprieta los labios y yo me sonrojo.
Nos cambiamos de ropa y salimos con los demás a comer a un restaurante chino. No os podéis ni imaginar la que puede llegar a montar Louis con unos palillos chinos, la mesa acaba llena de granos de arroz y migas de alga.
-Tío, Louis, no sabes comer…- se queja Harry cuando ya salimos del restaurante.
-Oye, ¿qué quieres que haga, que me coma hasta los cuencos, como Niall?- le replica Louis con burla.
-¡Encima tendré ahora yo la culpa!- grita Niall con indignación fingida. Yo me echo a reír.
-¿Qué os apetece hacer ahora?- pregunta Leyre intentando zanjar la falsa pelea de los chicos.
-¡Vamos al cine!- chilla Harry.
-Esto…- comienza Zayn con las mejillas ligeramente encendidas.- Nosotros nos vamos a casa.
Niall entrecierra los ojos y nos fulmina con la mirada.
-La caja de condones está en casa de Harry y Leyre, ellos fueron los últimos que la utilizaron.- dice Louis con malicia.
-En el primer cajón de la cajonera del baño, al lado de las toallitas.- añade Leyre.
Yo me quedo boquiabierta, mientras que a Zayn se le pone la cara roja como un tomate.
-Iros todos a la mierda.- murmura.
Ellos se van caminando al cine, mientras que Zayn y yo llegamos a su coche y al cuarto de hora llegamos a nuestro piso.
-¿Qué peli te apetece ver?- me pregunta entrando en la cocina y poniendo un sobre de palomitas en el microondas.
-La que tú quieras.
-Mmm… ¿quieres ver alguna de ‘’Saw’’ o te dan miedo?
Yo resoplo.
-¡Oh, por favor!- suspiro con superioridad.- Si las de ‘’Saw’’ para mí son comedias. Dale al play, chico malo de Bradford.
Él se echa a reír al ver mi valentía. Pone la película y me abraza en el sofá mientras comemos palomitas. Me arrepiento completamente de haberme puesto tan gallita, estoy literalmente cagada de miedo. No paro de gritar mientras que Zayn se ríe, como si fuera un programa de monólogos.
En una escena aparece una sombra que engulle por completo a un bebé que estaba en una cuna, y segundos después se escucha su llanto incesante. No sé por qué, pero suelto un chillido y unas cuantas lágrimas empiezan a caer por mis mejillas.
-¡Sandra!- exclama Zayn. Me coge el rostro entre sus manos y me mira a los ojos. Esos ojos casi negros, y brillantes, hacen que mi mente se despeje un poco.- Tranquila, cariño, estoy contigo. Sh, tranquila.
Me estrecha entre sus brazos y me besa en la coronilla. Mi miedo desaparece al instante, porque sé que mientras él esté a mi lado, yo estaré completamente a salvo.
-Se acabó.- zanja Zayn, y apaga la tele.- Siento haberla puesto, tendría que…
-No pasa nada, ha sido mi culpa por ponerme tan gallita.- le interrumpo sonriendo débilmente.
-Bueno… La verdad es que me encantas cuando te pones de esa manera.- admite él. Yo le miro como si me estuviera perdiendo algún chiste.- ¡Es verdad! Eres tan… rebelde… Me encanta.
Yo sonrío con fuerza, ignorando que hace un minuto estaba llorando como una cría pequeña.
-Tú tampoco te quedas corto…- decido seguirle el juego. Me siento sobre su regazo y empiezo a juguetear nerviosamente con el primer botón de su camiseta a cuadros.- Eres el chico malo de Bradford.
-Y tú la chica mala de Bradford. Ya es oficial.- añade él en un susurro. Levanto la mirada para mirarle a los ojos, pero él se lanza sobre mí y me empieza a besar, sin darme tiempo ni siquiera a respirar.
¡A tomar por culo mi autocontrol! Empiezo a desabrocharle la camisa y ésta cae en cualquier lugar del comedor, pero ni siquiera me detengo para saber dónde. Mi sudadera también desaparece en un segundo. Y sus pantalones. Y los míos. Y sin darme cuenta estamos en la cama del dormitorio, con los labios de Zayn recorriendo mi cuello.
-Zayn…- murmuro. Él me mira.- ¿Tú… quieres?
Él parece pillarlo al vuelo. Se sonroja y sus labios encajan con los míos, dándome a entender que sí, que quiere. Joder, cómo me pone este chico. No penséis mal, pero es que es la pura verdad.
Y ahí, en Londres, cuando yo debería estar en Madrid, pero lo dejé todo por él, porque él me lo pidió… Hacemos el amor. No sé si es su primera vez, pero la mía sí. La verdad es que nunca he conocido mejor sensación que esta. Le cedo mi virginidad a Zayn Malik, el chico que conocí gracias a Laura. El chico que nunca pensé que iba a conocer, y muchísimo menos a salir con él. El chico del que estoy segura que estoy enamorada.


(Habla Laura)

Me quedo callada unos segundos, simplemente para hacer rabiar a mi amiga.
-¿Y bien?- me urge Sandra al otro lado de la línea.
-¡Tíaaaaaaa!- susurro, aunque me hubiera encantado gritarlo- ¿Cuándo es la boda?
-¿Cómo?- me pregunta extrañada.
-Sandra, si vais a este paso, la semana que viene ya os estaréis casando.
Ella se ríe con nerviosismo.
-Pues no me importaría, qué quieres que te diga.- admite con burla. Las dos nos echamos a reír.
-Bueno, yo me voy que mañana nos vamos rumbo a Barcelona. Hablamos, ¿vale?
-¡Vale, adiós!
Cuelgo y vuelvo a entrar en la casa. Dejo la taza de té en el fregadero y me encamino a mi habitación. Cierro la puerta a mis espaldas. Liam ya está dormido, sin camiseta, y está destapado. Yo sonrío con fuerza. Es mío. Yo soy suya. Me quiere, por muy imposible que me parezca a veces; y yo le quiero a él. Ni los rumores, ni las críticas, ni la opinión de los demás me va a separar de él.
Me tumbo a su lado y le abrazo. A los pocos minutos, me quedo dormida.



Abro los ojos y me quedo sentada sobre la cama. Miro a Liam, que sigue dormido a mi lado. Le acaricio la espalda y le doy un beso en la mejilla. Él abre los ojos con lentitud.
-Hola, princesa.- murmura sonriente. Se sienta a mi lado y me aprieta contra su costado.
-Hola, princeso.- respondo. Él me mira extrañado y yo suelto una risita.
Nos cambiamos de ropa y nos levantamos. Desayunamos y pasamos toda la mañana recogiendo nuestras cosas. Comemos y se nos hace la hora de despedirnos.
-Esta mañana he estado hablando con tu padre.- me dice mi madre mientras Andrés y Liam bajan a dejar las maletas en el coche con mi primo Ricard, ya que él vive en Barcelona y viene con nosotros.- Le he advertido de que no monte ninguna escenita, ya sabes cómo es…
Yo suspiro. No le hizo mucha gracia eso de que yo esté saliendo con un famoso, pero le voy a convencer de que no es nada malo.
-Sí, lo sé… ¿Cómo está el abuelo?
Mi madre hace una mueca.
-Está… Está débil, cariño.- me responde. Yo aprieto la mandíbula y agacho la cabeza.- La enfermedad avanza muy rápido y los médicos no pueden hacer nada para detenerla.
Los ojos se me empiezan a llenar de lágrimas. Hace un año escaso, a mi abuelo materno, Fernando, le diagnosticaron leucemia. Cuando se lo dijeron, la enfermedad ya estaba bastante avanzada, y no le han dado mucho más tiempo de vida… Me planteé el rechazar mi beca de Londres para quedarme con él a cuidarle, pero él me dijo que no, que él quería que yo triunfara y no quería impedírmelo. Mi abuelo, que fue y es una de las personas más nobles, simpáticas e increíbles que he conocido… ¿Qué haré cuando ya no esté? No lo veo desde que me fui a Londres, y no he podido ir a visitarle al hospital en el que está interno, aparte de que no me siento preparada para verle, y no quiero asustar a Liam.
Mi madre me acaricia la mejilla y me abraza.
-Tranquila, cariño…- me susurra al oído.- Sabes que algún día él ya no estará, no te comas el coco…
Yo saco mi móvil del bolsillo y le quito la carcasa. Dentro de ella está un collar que me dio mi abuelo antes de que me fuera a Londres. El colgante es una pequeña placa dorada con forma de pergamino, y grabado en ella están las palabras ‘’Siempre a tu lado’’. Me lo coloco alrededor del cuello y decido no quitármelo nunca jamás. Mi madre sonríe débilmente y sus ojos se cristalizan al ver mi gesto.
En este momento Liam vuelve a entrar por la puerta. Yo no aguanto más la presión que se apodera de mí y corro hacia él. Le abrazo y mis lágrimas empiezan a mojarle la camiseta.
-¿Qué ocurre, cariño?- me pregunta alarmado. Recoge mi rostro entre sus manos y hace que le mire a los ojos.- ¿Qué ha pasado?
Yo niego con la cabeza. Él se acerca a mí y me da un ligero beso en los labios. Me vuelve a estrechar entre sus brazos.
-Tranquila, estoy aquí, siempre voy a estar contigo.- canturrea junto a mi oído. Yo sonrío porque lo sé. Sé que va a estar conmigo siempre, y yo con él también, hasta el último día de mi vida.
Yo me separo de él y me seco las lágrimas con el dorso de mi camiseta. Respiro hondo y sonrío débilmente.
-¿Vamos?- le pregunto a Liam cuando estoy segura de que no me va a fallar la voz.
-Vamos.- sentencia él.
Me termino de despedir de mi madre y Amanda. Bajamos al coche y Andrés nos lleva hasta la estación de tren, ya que vamos a ir a Barcelona en AVE. Allí nos encontramos con mi primo Ricard, ya dispuesto con sus dos maletas.
Nos despedimos de Andrés y entramos. Validamos los billetes y las maletas y nos dirigimos al arcén del tren con viaje Madrid-Barcelona. Entonces reparo en que Blanca, Sonia y Fran me esperan delante de la puerta del vagón. Corro hacia ellos y nos fundimos en un fuerte abrazo.
-Os voy a echar muchísimo de menos.- lloriqueo.
-Y nosotros a ti, señorita Payne.- responde Blanca, quitándome unas lágrimas con sus manos. Yo sonrío.
-Os llamaré más adelante para concretaros lo del viaje a Nueva York, ¿de acuerdo?- les digo. Blanca y Sonia asienten, y yo me giro hacia Fran.- Tonto, me encantaría que vinieras con nosotras al Madison Square Garden, al concierto de 1D en diciembre.
-¿Yo?- pregunta incrédulo. Suelto una risita al ver que no se lo esperaba.
-¡Sí, será divertido!- le anima Sonia.
-Eh… Está bien.- acepta Fran. Yo pego unos saltitos y le abrazo.
Llega Liam y se despiden de él. Entramos en el vagón y nos sentamos en los asientos que nos han asignado. Yo me siento al lado de Liam y Ricard delante de mí.
-Bueno, Liam… ¿Te ha gustado Madrid?- le pregunta mi primo cuando el tren comienza a avanzar a velocidad hipersónica por las afueras de Madrid. El viaje es de dos horas escasas.
-Me ha encantado.- responde Liam.- Estoy seguro de que volveré.
Yo cojo mis auriculares y rebusco entre mis listas de reproducción hasta dar con la que quería. La banda sonora de ‘’Amanecer Parte 1’’ resuena en mis tímpanos. No me preguntéis por qué, pero siempre me ha gustado escuchar las bandas sonoras de la saga. Siempre me hacen recordar momentos de la película, las frases… Y me encanta.
En lo que parece un plazo muy corto de tiempo, el tren para en la estación de Barcelona. Cogemos las maletas y salimos del vagón. Ahí, en el arcén, está mi padre. Es alto y un poco regordete. Tiene el pelo negro y canoso, y los ojos iguales que los míos (marrón dorado). A su lado hay una mujer de pelo claro y ojos marrones, así que supongo que es su novia, Lorena.
Dejo que Ricard coja mis maletas y voy corriendo hacia mi padre. Él me recoge entre sus brazos y empezamos a dar vueltas.
-¡Hola, cariño!- exclama con su ruda voz.- ¡Te he echado de menos!
-¡Y yo a ti, papá!- respondo. La verdad es que nunca hemos estado muy unidos, y nuestra relación nunca ha sido ‘’excelente’’, que digamos.
Liam se acerca con timidez y se pone a mi lado. Ha llegado el momento, así que respiro hondo y me encaro a mi padre de nuevo.
-Papá, este es Liam.- le digo.- Liam, este es Carlos, mi padre.
Ellos se dan un apretón de manos. Mi padre parece cómodo, sin rastro de molestia, salvo por sus ojos, que están un poco entrecerrados.
-Encantado, señor.- dice Liam con tono educado.
-Es un placer conocerte en persona, Liam. Puedes llamarme Carlos.- responde mi padre. Ese ‘’en persona’’ va con segundas intenciones, lo que hace que me recorra un escalofrío por todo el cuerpo.- Mirad, esta es mi… novia, Lorena.
Yo le doy dos besos en las mejillas, al igual que Liam.
Nos encaminamos hacia el coche, mientras yo voy hablando con Lorena. Resulta que conoce a mi padre gracias a las clases de inglés. Es directora de marketing y tiene una hija. Ya os lo conté al principio, se llama Silvia y tiene 15 años. Su padre las abandonó cuando Silvia tenía dos meses escasos, y nunca más han vuelto a saber de él. Cada vez que Lorena y mi padre se miran, profesan un amor increíble. Y yo me alegro de que Carlos le haya devuelto la felicidad a Lorena, y de que Lorena sea feliz con mi padre.
Llegamos a su casa, porque ya viven juntos desde hace unos cuantos meses.
-Silvia está en el instituto, llegará en media hora.- nos informa Lorena.- Lo digo por Liam…
Yo me echo a reír. También os dije que Silvia era Directioner, ¿verdad? No me puedo ni imaginar su reacción al ver a Liam, ya que mi padre no le ha dicho ni mi nombre, ni nada sobre mí.
Nos enseñan la casa, que es muy amplia, de dos pisos. Subimos al de arriba y veo que la puerta de la habitación de Silvia está entreabierta. Dios mío de mi vida y de mi corazón, no había visto tantos pósters juntos en mi vida. Las paredes están completamente forradas con fotos de Taylor Lautner, Rita Ora, Justin… Y One Direction. Decenas y decenas de pósters de mis chicos cuelgan de las paredes. Yo sigo incrédula mirando las paredes, cuando mi padre aparece a mi lado y suelta una risita.
-Me recuerda a ti.- me dice con cariño. Yo sonrío.
Mientras Ricard y Liam deshacen nuestras maletas en el que va a ser nuestro cuarto, y Lorena se mete en la cocina a preparar unos cafés, yo me quedo en el salón con mi padre.
-Cariño…- comienza cambiando su tono de voz, así que ya sé lo que me va a decir.- Ya sabes que… Bueno, no es que me moleste que estés saliendo con un famoso, pero… Me preocupa que te vaya a hacer daño.
-Papá,- le corto.- ¿Te acuerdas cuando, antes de irme a Londres, me dijiste que si me echaba novio, te alegrarías por mí? Dijiste que no te importaría si era ciego, manco o sordo. Que sólo te importaría que yo fuera feliz.- él asiente.- Pues, papá, yo soy feliz con Liam. Sé que es raro porque él es famoso, tiene millones de fans y le conocen por todo el mundo… Pero le quiero. No veo manera de ser feliz sin él. ¿No es eso lo que te importa?
Mi padre hace una mueca. Parece ver la sonrisa de idiota enamorada que se me pone sólo con hablar de Liam, el amor que desprende mi voz al hablar de él, porque termina sonriendo.
-La verdad es que parece un buen chaval…- dice, y yo suspiro aliviada.- Le suelo preguntar disimuladamente a Silvia sobre él, y siempre me dice que es un chico romántico y cuidadoso. He hablado con tu familia y todos hablan maravillas sobre él… Está bien, cariño.- sentencia.- Nunca he estado demasiado tiempo apoyándote, pero aun así lo único que quiero en esta vida es verte feliz. Y a ti se te ve feliz con él.
Yo vuelvo a sonreír emocionada y le abrazo con fuerza. Me doy cuenta de que, aunque no haya estado muy unida a él (y menos cuando se divorció de mi madre), es una persona muy importante en mi vida.
-Gracias, papá.- le digo con el corazón en la mano.
- Te mereces a un chico como él, y mucho más. Sé feliz.- responde con ternura. Ese ‘’sé feliz’’ significa muchísimo para mí. Le doy un beso en la mejilla.
Los demás se unen a nosotros. Mi padre no para de preguntarle cosas a Liam, y ya no se le ve tan cerrado como antes. Liam parece encantado, y me he dado cuenta de que entre él y mi primo Ricard se ha formado una bonita amistad.
La cerradura de la puerta principal se escucha, y yo levanto la mirada de inmediato.
Mi padre se ríe a carcajada limpia al ver el apuro en mis ojos.
-¡Liam, corre, escóndete en el baño!- susurra con rapidez.
Liam suelta una risita y se levanta del sofá. Sale del salón y se mete en el baño. Justo a tiempo, porque la puerta principal se abre y por ella entra una chica de pelo dorado y ojos marrones, casi negros. Entra en el salón y lanza la mochila contra una esquina.
-¡Hola!- le saludo.- Tú debes de ser Silvia, ¿verdad?
-Sí, y tú la hija de Carlos, ¿no?- yo asiento. Nos damos dos besos en las mejillas y me mira con detenimiento.- Oye… Me suenas de algo.
Yo trago saliva y me río disimuladamente.
-Tal vez me hayas visto alguna vez por la tele.- respondo.
-¿Cómo te llamas?- me pregunta un poco agobiada.
-Laura.
Los ojos de Silvia se abren de par en par. La boca se le abre como si fuera un pez en la arena, y su piel se pone roja.
-¡A-a-a-y ma-ma-madre, e-e-eres t-tú!- tartamudea en voz muy alta.- ¡ERES LAURA! ¡LA NOVIA DE…!- suelta un grito que podría reventar los tímpanos de cualquiera.
Todos se echan a reír. Silvia se lanza sobre mí y me abraza con fuerza.
-Eres tú, eres tú…- solloza. Yo sonrío.- ¿No habrá venido él contigo?- me pregunta entrecortadamente.
Yo asiento. Ella vuelve a gritar y casi se cae al suelo. Mi primo Ricard se levanta y me ayuda a llevarla hasta el sofá.
-Ay, ay, ay…- murmura. Abre los ojos y se levanta de un bote.- ¿Dónde está? ¡Tengo que arreglarme! ¡Voy al baño!
Mi padre se convulsiona en su sillón del ataque de risa que tiene.
-Tres, dos, uno…- susurra.
Silvia abre la puerta del baño. Se queda petrificada. De repente empieza a pegar saltos y a gritar como una cría pequeña. Agarra a Liam del cuello y le abraza. Liam sonríe pero su cara se pone morada de la fuerza que hace Silvia para retenerle a su lado.
-¡Es Liam! ¡Liam Payne! ¡Es él! ¡Aquí!- lloriquea.- ¡No me lo puedo creer!
Liam suelta una carcajada y le da un beso en la mejilla.
-Tenía muchas ganas de conocerte, Silvia.- le dice con esa voz que le para el corazón a cualquiera.
Ya lo que faltaba por decirle. Silvia se sienta lentamente en el sofá. Agarra a Liam de la mano y hace que se siente a su lado.
-Li-li-liam, no sabes lo que te admiro.- balbucea ella con los ojos inundados en lágrimas de emoción.- No sabes cuánto te admiro, a ti a los demás chicos de la banda. De verdad, sois mis mayores ídolos, no sé que haría sin vosotros, y…- se gira hacia Carlos y le señala con horror fingido.- ¿Por qué no me lo dijiste?
-¡Sorpresa!- exclama mi padre con una gran sonrisa.- ¿No te ha gustado o qué?
-¡Me ha encantado!- chilla. Se levanta y le abraza. Después se gira y me braza a mí.- No me puedo creer que mi hermanastra sea la novia de Liam Payne.- continúa.
-Eso significa que ahora sois cuñados.- comenta Ricard.
-¡Dios, soy la cuñada de mi ídolo!- suspira Silvia. Todos nos echamos a reír.
Mi primo Ricard se va a su casa. Mientras mi padre y Lorena preparan la cena con la ayuda de Liam, yo voy arrastrada por Silvia hacia su habitación. Cierra la puerta y las dos nos sentamos en su cama. Ella coge su móvil y pone WMYB a volumen ambiente. Señala un póster y mis ojos se encuentran con los de Liam.
-Es él, tu novio, mi cuñado.- canturrea Silvia, y da unas palmaditas. Yo me echo a reír al ver su emoción.- Cuéntame, ¿cómo le conociste? ¿Dónde? ¿Estabais solos? ¿Cómo surgió vuestro amor?
Yo suspiro. Me paso casi la siguiente hora entera contándole a Silvia desde el momento en el que la puerta de la cabaña del bosque se abrió y Leyre y yo tuvimos ante nuestros ojos al mismísimo Zayn Malik, hasta cuando hemos llegado a Barcelona.
-Buah, tía…- suspira sonriente.- Es como… una película de amor. Podrías hacer una novela sobre esto.
Yo suelto una carcajada.
-No necesito una novela para recordar todos mis momentos con él, todos están guardados aquí.- digo señalándome la cabeza.
-Oye, si ellos vienen a España cuando saquen su nuevo disco, ¿vendrás a verles conmigo?- me pregunta con los ojos brillantes.
-No hará falta.- respondo. Ella me mira extrañada.- Sabes que el 3 de diciembre actúan en Nueva York, ¿verdad?- Silvia asiente.- Voy a ir a verles con unas cuantas amigas, ¿por qué no te vienes? Así les conoces en persona.
-¿¡¿¡¿¡EN SERIO!?!?!?- grita. Se pone de pie sobre la cama y empieza a saltar.- ¡Sí, sí, sí, sí! ¡Es mi puto sueño hecho realidad!- de repente se escurre hacia abajo y se queda sentada a mi lado.- Pero… ¿y nuestros padres? ¿Crees que me dejarán ir?
Yo le paso un brazo por los hombros y le doy un beso en la mejilla.
-Tranquila, Liam y yo nos encargamos de todo.- repongo sonriendo. Silvia me devuelve la sonrisa.
Bajamos a la cocina y cenamos, mientras Silvia no para de preguntarle cosas a Liam sobre la banda, los conciertos… y sobre el que más pregunta es Louis, ¿por qué será?
Tras explicarle a mi padre que Silvia iría en avión hasta Londres junto a mis amigas y de allí nos iríamos todos juntos a Nueva York, le conceden a mi ya hermanastra el poder cumplir su mayor sueño. No sabéis lo que me llena verla de esta manera, tan sonriente y feliz… Ojalá todas las fans puedan cumplir su sueño igual que Silvia lo va  a hacer.
Terminamos de recoger la mesa y subimos a dormir. Parece que hace incluso más calor que en Madrid, así que simplemente me pongo una camiseta ancha de Liam y unos pantalones cortos de chándal y me tiro sobre la cama, ya que estoy agotada.
-¿Crees que le he caído bien a tu padre?- me pregunta Liam tumbándose a mi lado y abrazándome con fuerza.- Como dijiste que le costó asimilar lo de que salieras conmigo…
-No le has gustado.- le respondo sería. Liam hace una mueca y yo me echo a reír de su expresión aterrada.- ¡Le has encantado, cielo, no tienes de qué preocuparte!
Él suspira aliviado y se une a mis risas.
-No vuelvas a hacer eso.- me regaña apretándome contra él.
-¿O si no, qué me harás?- le pregunto con voz provocadora, rozando mi nariz con la suya.
-No me obligues a romper el cabecero de la cama.- me advierte, y me da un beso fugaz, pero aun así que me provoca un escalofrío por todo el cuerpo.
-¿Quién te crees que eres, Edward Cullen?- replico con burla, y suelto una risita.
-No, pero soy más sexy, más guapo, y más creíble.- responde con voz engreída. Yo resoplo divertida.- Además, tengo algo que él nunca va a tener.
-¿El qué?- inquiero con curiosidad.
-A ti.- yo sonrío abiertamente y le beso con fiereza, ignorando que en la habitación de la derecha está mi padre con su novia, y a nuestra izquierda está una enloquecida fan. Me olvido de la vida humana a cinco kilómetros a la redonda, y sólo siento a Liam, que me aparta con un leve empujoncito y sonríe con timidez.
-Cariño…- murmura sofocado, y se muerde el labio inferior. Ese gesto me vuelve completamente loca.- Cuando volvamos a Londres, ¿de acuerdo? Sólo son dos días.
Yo me pongo de morritos, pero asiento. Nos quedamos callados, y a los pocos minutos me quedo dormida entre sus brazos.


Este capítulo se lo dedico a Sandra, que sé que tenía muchísimas ganas de leerlo. Sandra, gracias por ser como eres conmigo, no me merezco a una amiga tan increíble como tú. TE-QUIE-RO<3

Lali.

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